Aunque su labor es clave para la seguridad alimentaria, la economía local y la conservación ambiental, las mujeres piangüeras del Pacífico colombiano, específicamente de Tumaco, Nariño, continúan enfrentando condiciones estructurales de vulneración de derechos.
Expertas como la lideresa afrocolombiana Libia Grueso Castelblanco y la académica Claudia Mosquera Rosero-Labbé advierten que su situación refleja una deuda histórica del Estado con las mujeres afrodescendientes y los territorios costeros tal como Tumaco.
En los manglares de Tumaco, Nariño, la recolección de piangua no es solo un oficio; es una práctica que articula subsistencia, cultura y territorio. Realizada principalmente por mujeres afrodescendientes en zonas como la costa de Nariño y el sur del Cauca, esta actividad se ha sostenido por generaciones como una forma de vida profundamente ligada a los ciclos naturales del manglar.
Sin embargo, detrás de esta práctica ancestral se configura un escenario de vulneración sistemática de derechos humanos. Las mujeres piangüeras desarrollan su trabajo en condiciones de alta precariedad, puesto que, no tienen garantías laborales, están expuestas a riesgos físicos constantes derivados de las largas jornadas en el agua, la manipulación directa del lodo y raíces del manglar, heridas en manos y pies por objetos filosos que pueden estar en el manglar, mordeduras de serpientes o del “pejesapo, infecciones por bacterias presentes en el ecosistema y el esfuerzo físico prolongado en posturas forzadas e incómodas, además de esto, también cuentan con ingresos inestables que dependen de factores como la marea, la disponibilidad de la piangua, el cambio climático, la contaminación y la alta o baja demanda de la concha.
En esa línea, una investigación periodística, sobre las comunidades piangüeras de Tumaco, Nariño realizada por estudiantes de la Universidad Santo Tomás (Natalia Artunduga, Alejandra Nava y Mayra Ruiz); evidencia que estas condiciones no son aisladas, sino estructurales. A partir de testimonios recogidos en territorio, el estudio documenta cómo la precariedad laboral, la exposición constante a riesgos físicos y la falta de acceso a servicios básicos se entrelazan con dinámicas de abandono estatal y control territorial. Los hallazgos señalan que el ejercicio de la recolección de piangua se da en un contexto donde convergen múltiples vulneraciones de derechos humanos, lo que refuerza la necesidad de reconocer a las piangüeras no solo como trabajadoras informales, sino como sujetas de derechos y actoras clave en la sostenibilidad ambiental y social del Pacífico.
Violencia estructural y control territorial
El contexto en el que habitan y trabajan las mujeres piangüeras está atravesado por múltiples violencias. La presencia de actores armados ilegales, el avance de economías extractivas y la débil presencia institucional han generado escenarios de riesgo que limitan su movilidad y acceso al manglar.
En algunos territorios, las comunidades enfrentan situaciones de confinamiento o desplazamiento forzado, lo que impacta directamente su sustento. La imposibilidad de acceder libremente al manglar no solo afecta la economía familiar, sino que rompe una relación histórica y simbólica con el territorio.
Esta realidad que viven día a día miles de mujeres evidencia la vulneración de derechos fundamentales como lo son, el derecho al trabajo digno, a la alimentación, al territorio, a la seguridad personal y a un ambiente sano. Además, se configura una forma de violencia estructural que recae de manera diferenciada sobre las mujeres, quienes asumen tanto la provisión económica como las labores de cuidado en contextos adversos.
Una economía invisibilizada
Pese a su importancia, la labor de las piangüeras continúa siendo invisibilizada en las políticas públicas y en las estadísticas oficiales, esto debido a la falta del reconocimiento de la práctica de piangüar como una actividad económica formal, limitando así su acceso a programas de protección social, créditos, asistencia técnica y garantías laborales.
Esto se traduce en una paradoja; mientras su trabajo es fundamental para la sostenibilidad del manglar, un ecosistema estratégico para la mitigación del cambio climático y la protección costera, ellas no cuentan con condiciones mínimas para ejercerlo de manera digna, segura y reconocida.
Organización y resistencia desde el territorio
Frente a este panorama, las mujeres piangüeras han impulsado procesos organizativos que buscan fortalecer su autonomía y visibilizar sus demandas. A través de asociaciones locales, como lo es Asofortaleza del Manglar, quienes han promovido prácticas de recolección sostenible, vedas comunitarias y estrategias de cuidado del manglar que garantizan la reproducción constante y segura de la concha.
Estos procesos también han sido espacios de construcción de liderazgo femenino y de defensa del territorio. En medio de contextos de violencia y abandono, las piangüeras no solo sostienen la economía local, sino que se posicionan como actoras clave en la protección ambiental y la resistencia comunitaria.
“Sostienen la vida en condiciones de exclusión”, “La situación de las mujeres piangüeras muestra cómo se entrecruzan múltiples formas de desigualdad: por género, por raza y por ubicación territorial. Son mujeres que sostienen la vida de sus familias y la del ecosistema, en condiciones de exclusión histórica”.
Señala Libia Grueso Castelblanco, lideresa afrocolombiana y experta en derechos territoriales.
En la misma línea, la investigadora Claudia Mosquera Rosero-Labbé advierte que la falta de reconocimiento institucional de estas labores reproduce esquemas de invisibilización: “El trabajo de las mujeres negras en territorios como el Pacífico ha sido históricamente desvalorizado. En el caso de las piangüeras, esto se traduce en ausencia de políticas públicas que reconozcan su aporte económico, ambiental y cultural”.
Ambas coinciden en que cualquier intervención estatal debe partir del reconocimiento de estas mujeres como sujetas de derechos y actoras fundamentales en la sostenibilidad de sus territorios.
Una deuda pendiente
En un país donde las discusiones sobre desarrollo suelen centrarse en grandes proyectos económicos, las mujeres piangüeras representan otra forma de entender la relación con el territorio: una basada en el cuidado, el conocimiento ancestral y la sostenibilidad.
No obstante, su realidad sigue marcada por el abandono institucional. Garantizar sus derechos implica no solo mejorar sus condiciones de vida, sino también proteger los ecosistemas que han cuidado por generaciones.
Mientras tanto, en los manglares del Pacífico, su labor continúa siendo tan esencial como invisibilizada. Entre el lodo, las raíces y la marea, las mujeres piangüeras siguen sosteniendo la vida en territorios donde el Estado aún no logra llegar con garantías plenas.



