Leyner Palacios Asprilla: la voz de Bojayá que convirtió la memoria en una defensa permanente de la vida

En Colombia, hablar de memoria es también hablar de resistencia. Son cientos las personas que, tras sobrevivir a la violencia del conflicto armado, decidieron transformar el dolor en una herramienta para exigir verdad, justicia y garantías de no repetición. Una de ellas es Leyner Palacios Asprilla, uno de los líderes afrocolombianos más reconocidos del país y una de las principales voces de las víctimas de la masacre de Bojayá.

Foto: Líder social Leyner Palacios Aspirilla, / Oscar Pérez

Su historia está profundamente ligada al municipio de Bojayá, en el departamento del Chocó, donde el conflicto armado dejó una de las mayores tragedias humanitarias de la historia reciente de Colombia. Sin embargo, lejos de permitir que esa experiencia definiera únicamente su condición de víctima, Leyner Palacios decidió convertirla en un compromiso permanente con la defensa de los derechos humanos, la construcción de paz y la protección de las comunidades afrodescendientes del Pacífico colombiano.

Un sobreviviente de la guerra

El 2 de mayo de 2002, mientras integrantes de las FARC-EP y del bloque Élmer Cárdenas de las Autodefensas Unidas de Colombia se enfrentaban por el control del territorio, cientos de habitantes de Bellavista buscaron refugio en la iglesia del pueblo. Durante el combate, un cilindro bomba lanzado por la guerrilla impactó el templo, provocando una explosión que causó la muerte de al menos 79 personas y dejó decenas de heridos.

Leyner Palacios perdió a 32 familiares, entre ellos niños, mujeres y adultos mayores. La tragedia transformó por completo su vida y marcó el inicio de un camino de liderazgo que, más de dos décadas después, continúa siendo referente para las comunidades víctimas del conflicto armado.

Desde entonces, ha insistido en que Bojayá no debe ser recordado únicamente como un escenario de violencia, sino también como un símbolo de dignidad, resistencia y construcción de paz. Tras la masacre, Leyner comenzó a participar activamente en procesos organizativos encaminados a exigir justicia para las víctimas y mejores condiciones de vida para las comunidades del Medio Atrato.

Su liderazgo ha estado orientado a fortalecer la organización comunitaria, promover la defensa de los derechos colectivos de las comunidades afrodescendientes y acompañar iniciativas de memoria histórica que permitan reconocer los impactos diferenciados del conflicto armado sobre los pueblos étnicos.

Durante años ha denunciado que, pese al reconocimiento nacional e internacional de la tragedia de Bojayá, muchas comunidades del Chocó continúan enfrentando problemas estructurales como la pobreza, el abandono estatal, el desplazamiento forzado, el confinamiento, el reclutamiento de menores y la presencia de grupos armados ilegales. Para Leyner, la paz no puede limitarse al silenciamiento de las armas. Debe traducirse en oportunidades reales para los territorios históricamente excluidos.

Su papel en la Comisión de la Verdad

Uno de los principales aportes de Leyner Palacios ha sido posicionar la defensa de los derechos de las comunidades afrocolombianas dentro de la agenda nacional de paz; ha insistido en que los pueblos afro e indígenas fueron afectados de manera desproporcionada por el conflicto armado debido a la importancia estratégica de sus territorios y a las múltiples disputas por el control de recursos naturales, corredores de movilidad y economías ilegales.

Su trabajo ha buscado que las políticas públicas incorporen un enfoque étnico que reconozca las particularidades culturales, sociales y territoriales de estas comunidades. Igualmente, ha promovido el fortalecimiento de los consejos comunitarios y otras formas de organización propias como herramientas fundamentales para proteger el territorio y garantizar la autonomía de las poblaciones afrodescendientes.

Entre 2018 y 2022, Leyner Palacios integró la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, creada en el marco del Acuerdo de Paz firmado entre el Estado colombiano y las FARC-EP. Desde esta instancia trabajó para que las experiencias de las comunidades del Pacífico colombiano hicieran parte del relato nacional sobre el conflicto armado.

Su participación fue clave para visibilizar cómo la guerra afectó de manera particular a los pueblos afrodescendientes e indígenas, así como para impulsar recomendaciones orientadas a garantizar la no repetición de las violencias en estos territorios. Ha reiterado en múltiples ocasiones que escuchar a las víctimas no solo es un acto de reconocimiento, sino una condición indispensable para construir una paz sostenible.

Un referente para la construcción de paz

Al igual que numerosos líderes sociales en Colombia, Leyner Palacios ha enfrentado constantes amenazas debido a su labor en defensa de los derechos humanos; las denuncias sobre la persistencia del conflicto armado, la presencia de grupos ilegales y las afectaciones a las comunidades afrodescendientes lo han convertido en blanco de intimidaciones y riesgos para su seguridad.

Pese a ello, ha continuado acompañando procesos comunitarios y participando en escenarios nacionales e internacionales donde insiste en la necesidad de fortalecer las garantías para las personas defensoras de derechos humanos y para las organizaciones sociales que trabajan en los territorios.

Más allá de su trabajo institucional y comunitario, Leyner Palacios ha defendido la memoria como un instrumento para transformar la sociedad. Para él, recordar a las víctimas de Bojayá no significa permanecer anclados al pasado, sino comprender las causas que hicieron posible esa tragedia y evitar que hechos similares vuelvan a repetirse.

Su liderazgo ha contribuido a que la memoria del conflicto deje de entenderse únicamente como un ejercicio conmemorativo y se convierta en una herramienta para fortalecer la democracia, la participación ciudadana y la protección de los derechos humanos.

Hoy, es considerado uno de los principales referentes afrocolombianos en materia de derechos humanos, memoria y construcción de paz. Su trayectoria demuestra que las víctimas no solo reclaman justicia por los hechos ocurridos, sino que también desempeñan un papel fundamental en la construcción de soluciones para los territorios más afectados por la violencia.

En un contexto donde persisten graves crisis humanitarias en el Pacífico colombiano, su voz continúa siendo esencial para recordar que la paz requiere una presencia integral del Estado, la protección efectiva de las comunidades y el reconocimiento de quienes, desde los territorios, siguen trabajando para defender la vida.

Su trabajo permite comprender la realidad que enfrentan las comunidades afrodescendientes del Pacífico colombiano, una región que continúa viviendo graves afectaciones humanitarias pese a los avances alcanzados con el Acuerdo de Paz. A través de su liderazgo, Leyner ha logrado posicionar temas como la memoria histórica, la justicia para las víctimas, la protección de los líderes sociales y la necesidad de incorporar un enfoque étnico en las políticas públicas.

Un liderazgo que sigue interpelando al Estado

Ese camino tuvo un nuevo hito el 11 de julio de 2026, cuando el Estado colombiano, representado por el ministro de Defensa, realizó en Bojayá un acto público de reconocimiento de responsabilidad y de excusas por las fallas en la protección de la población civil antes y durante la masacre de 2002. Durante la ceremonia, la defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz, recordó que las advertencias sobre el riesgo que enfrentaba la comunidad fueron oportunamente emitidas por distintas instituciones, pero no recibieron una respuesta eficaz por parte del Estado. También señaló que, aunque se han adelantado acciones de reparación, la verdad, la justicia y las garantías de no repetición continúan siendo una deuda con las víctimas, quienes aún enfrentan las consecuencias de un conflicto que persiste en la región.

En ese contexto, la trayectoria de Leyner Palacios adquiere un significado aún más profundo. Su liderazgo ha sido determinante para que Bojayá no permanezca únicamente en la memoria como una tragedia, sino como un símbolo de resistencia, dignidad y defensa de los derechos humanos. Su voz recuerda que la reparación no concluye con un acto de reconocimiento institucional, sino que exige transformaciones reales en los territorios, protección para las comunidades étnicas y el compromiso permanente del Estado con la paz y la no repetición. Su historia es un ejemplo de cómo el liderazgo comunitario puede transformar el dolor en acciones colectivas orientadas a la defensa de la vida, la dignidad y los derechos humanos.