En Colombia se ha documentado más de una masacre por semana de manera sostenida durante una década. Este fenómeno se ha caracterizado por su sistematicidad e impacto sobre el tejido social, degradándolo, como estrategia de silenciamiento, retaliación, y constreñimiento social usado principalmente por Grupos Armados Organizados y Grupos de Delincuencia Organizada. Bajo este panorama, las organizaciones de la sociedad civil continúan alertando sobre las afectaciones a los derechos humanos que se han desencadenado tras problemática.
Tanto los datos del Observatorio para la Defensa de la Vida (ODEVIDA) como de otras ONG, son aproximadamente coincidentes, y evidencian una tendencia preocupante, pues al comparar los primeros trimestres de la última década, 2026 registra la cifra más alta con 35 masacres y 133 víctimas, superando incluso el primer trimestre de 2022, el cual se posicionó como el año más violento del período 2016-2026.
Como se evidencia en el gráfico, en el primer trimestre de 2016 se reportaron 7 masacres y 25 víctimas, en 2017 la cifra disminuyó a un total de 2 masacres y 7 víctimas. Entre 2018 y 2022, la tendencia durante el primer trimestre aumentó, alcanzando el punto más crítico en 2022 con 112 víctimas y 33 masacres. Desde 2023 hasta 2025, tanto el número de masacres como el número de víctimas se redujo, sin embargo, no fue hasta el primer trimestre de 2026 que estas cifras se duplicarían, incrementando el número de masacres a un 106 % y el número de víctimas a un 146 % en comparación al primer trimestre de 2025.
De hecho, de todas las masacres documentadas anualmente entre 2016 y 2026, la que cuenta con el mayor número de víctimas fue registrada el pasado 16 de enero de 2026, cuando fueron asesinadas 26 personas, de las cuales 4 eran menores de edad. Según El País Colombia, los hechos ocurrieron en zona rural del municipio de El Retorno, Guaviare, donde fueron hallados 26 cuerpos organizados sobre la vía, según varias fuentes, eran pertenecientes al Estado Mayor Central (EMC) al mando de Mordisco. Pese a que en un primer momento se especulaba sobre un posible enfrentamiento entre miembros del Estado Mayor Central (EMC) y el Estado Mayor de Bloques y Frente (EMBF), las inspecciones técnicas a los cadáveres descartaron tal hipótesis, pues, ninguno de los cuerpos tenía rastros de pólvora en las manos, y todos los cadáveres registraban “tiros de gracia”, algo particularmente atípico en medio de un combate.
Por ello, se concluyó que estas 26 personas fueron asesinadas de manera intencional, simultánea, y en estado de indefensión, de forma que se categorizó tal acto como una masacre y no como un homicidio colectivo, teniendo en cuenta, además, la protección que brinda el derecho internacional humanitario a los combatientes.
La letalidad de este hecho en el Guaviare sugiere que, pese a que la frecuencia de masacres en este departamento no es tan alta en comparación a otros, sí ha sido particularmente letal, ya que masacres como la señalada anteriormente han tenido una dimensión de exterminio mayor. Muestra de ello, es que entre 2016 y el primer trimestre de 2026, Guaviare registró 7 masacres con 51 víctimas, en contraste Bolívar, Chocó, Cesar, Meta, Córdoba, Tolima y Santander, documentaron, en algunos casos, casi el doble de masacres, pero un menor número de víctimas.
Ahora bien, si nos remitimos a la concentración geográfica en los demás departamentos se puede evidenciar que, en Antioquia, Cauca, Valle del Cauca, Norte de Santander y Nariño, se concentra el 57 % de todas las masacres del país. Los datos registrados por ODEVIDA, sugieren que, más de la mitad de las masacres de la última década ocurrieron en apenas 5 de los 32 departamentos. Es preciso señalar que, pese a la presencia de grupos armados en los territorios más afectados, no es posible atribuir su presencia como el único factor que incide en la ocurrencia de estos hechos, ya que este tipo de violencia puede responder a otros factores como la delincuencia común y/u organizada. Sin embargo, dichas presencias sí se configuran como una importante variable de riesgo y vulnerabilidad para las comunidades que habitan estas zonas.
En definitiva, es claro que las masacres han persistido en el tiempo, afectado de manera diferencial, a lo largo de la última década, a departamentos que históricamente cuentan con altos niveles de conflictividad armada y presencia hegemónica de grupos armados. Este patrón sostenido en el tiempo da cuenta de la persistencia de la violencia en el país. Como una de las muestras de ello, recientemente Colombia fue clasificada por el Instituto para la Economía y la Paz (IEP), por quinta vez consecutiva, como el país menos pacífico de América del Sur, ocupando la posición 140 de 163 en el indicador Global Peace Index.
En la tabla regional, Colombia se encuentra en la última posición, puesto 11 de 11, con un puntaje de 2.695 y un cambio de -0.013 en su puntaje, evidenciando una leve mejora. En contraste, Argentina y Uruguay lideran el ranking regional, ocupando la primera y la segunda posición respectivamente, mientras que Venezuela se encuentra en la penúltima posición regional aproximándose a Colombia.
Además, pese a que el informe cuestiona el abordaje del conflicto armado interno, se destaca que se progresó en los sectores de militarización, seguridad y protección, lo que en consecuencia aumentaría en un 0,55 % el nivel de paz, esto según lo mencionado por el instituto. Asimismo, se expuso que la estabilidad política mejoró gracias a reformas del gobierno orientadas a reducir la desigualdad y fomentar la inclusión social, aunque, se precisó sobre la alta tasa de homicidios y desplazamientos forzados internos, señalando que las muertes en el marco del conflicto aumentaron un 115 %, pasando de 434 muertes en 2023 a 933 en 2024.
Pese a los intentos y avances por una paz territorializada, aún persisten los desafíos por logarla, por ello, es indispensable que el Estado colombiano continue y refuerce estrategias que permitan la consolidación de una paz positiva, caracterizada por el bienestar, la justicia social, la equidad, la inclusión, y el respeto a los derechos humanos, pues, la paz no es simplemente la ausencia de la guerra y el conflicto bélico. Además, es necesario recordar que esta apuesta no debe centrarse en una política de gobierno, por el contario debería establecerse como una política estatal inamovible y transferible a cada periodo presidencial, de lo contario, la violencia persistirá y continuará afectando el tejido social, y generando escenarios proclives a la vulneración de derechos humanos.
Referencias
Institute for Economics & Peace. (2025). Global Peace Index 2025: Identifying and measuring the factors that drive peace. https://www.economicsandpeace.org/wp-content/uploads/2025/06/GPI-2025-web.pdf
El País. (2026). La Fiscalía halla indicios de asesinato en la muerte de 26 disidentes en Guaviare. El País. https://elpais.com/america-colombia/2026-01-22/la-fiscalia-halla-indicios-de-asesinato-en-la-muerte-de-26-disidentes-en-guaviare.html



